Historia de los judíos en Murcia

En esta entrada quisiera hablar de un tema muy interesante para los amantes, como yo, de la historia de las religiones. Quisiera hablar de los judíos y de su presencia en la ciudad de Murcia. Muchos son los turistas que me han preguntado si hubo judíos en la ciudad y si hoy en día tenemos algún vestigio de su presencia.

Para abordar este tema, debemos volar hasta los confines de la Edad Media, cuando todavía en Murcia gobernaban moros y cuando todavía el Nuevo Mundo no había sido descubierto. Comencemos:

JUDÍOS EN LA ÉPOCA MUSULMANA

Tras el reinado de Ibn Mardanís (más bien conocido como «El Rey Lobo»), Murcia sufre la invasión de los Almohades (musulmanes del norte de África que acusaban a los musulmanes ya asentados de no ser fieles a la ley islámica, de hecho, almohades significa «los que reconocen la unicidad de Dios»). Los almohades decretaron la expulsión de mozárabes y judíos del territorio que dominaban, provocando la desaparición de las aljamas (lugares de agrupación judía). Con el tiempo, y con el reinado de Ibn Hud, se debilitaría la rigurosa prohibición almohade. Y con la capitulación de Alcaraz de 1243 (según la cual Murcia pasaba a ser de nuevo cristiana bajo el protectorado de Castilla) volvieron a establecerse en las ciudades murcianas algunos grupos de judíos, especialmente mercaderes y comerciantes. Tales grupos irían aumentando progresivarmente hasta constituir poderosos núcleos.

LA HISTORIA DE LOS JUDÍOS TRAS LA RECONQUISTA CRISTIANA EN MURCIA

En 28 de abril de 1266, el rey de Castilla dictó una ordenanza para los judíos, en la que se les reconocía los privilegios e inmunidades de Toledo y Sevilla, respetando sus libertades interiores y privativas.

No hay que olvidar que los judíos eran Tesoros del Rey, eran sus protegidos y fueron absolutamente indispensables para ellos. Eran los únicos capaces de prestarles dinero para guerras, construcciones, etc. Sin embargo, y paradójicamente, los consideraban un peligro para la armonía y unicidad de los reinos. Temían que pudiesen hacer proselitimo y judeizar a cristianos. En el año 1267, acrecentado el número de judíos que habitaban en Murcia, ordenó Alfonso X su apartamiento de vivienda de los cristianos y la formación de una judería o barrio de judíos, en la periferia de la ciudad, en concreto en la Puerta de Orihuela, cerca de donde estaría hoy la Plaza de Toros. Lo que hoy en día podría parecernos xenófobo y fuera de lugar, en aquel entonces era una media de protección para la población judía. Para los judíos era necesario y proporcionaba mayor seguridad vivir apartados, dentro de los muros de la ciudad, ya que, de esta manera, personas y bienes evitaban las vejaciones y robos que hubieran sufrido con excesiva frecuencia de vivir entre cristianos; además, así, no interferían en las costumbres y formas de vida de los demás vecinos, y al mismo tiempo, ellos podían a su vez mantener modos y usos conforme a su religión y tradiciones más peculiares. Sin embargo, para su cotidiano vivir no se quedaban en la judería, sino que comerciaban y tenían actividad por toda la ciudad.

EL CORAZÓN DE LA JUDERÍA EN MURCIA

La judería debió estar entre las actuales iglesias de San Lorenzo, Santa Eulalia y Merced. Su sinagoga se cree que pudo estar en la plaza de Sardoy. Aunque no podamos verla, estoy segura de que, de alguna manera, la espiritualidad de este antiguo lugar sigue impregnando la plaza en el presente. La protección y seguridad dispensadas por Alfonso X el Sabio a los judíos murcianos permitió que la Judería adquiriera cierta prosperidad. Pese a ello, la aljama murciana no fué nunca muy numerosa en comparación con las existentes en otros lugares y ciudades (se estima que en los mejores años pudo haber una población de 900 judíos).

CONVIVENCIA DE LAS TRES CULTURAS

Quizás, cuando pensamos en la Edad Media, podemos tener dos ideas absolutamente dispares entre sí e igualmente falsas. Por un lado, nos viene a la cabeza un período oscuro, y por otro, la paz y la armonía con la que convivieron las tres culturas. Sí, es cierto, convivieron. Lo que no es cierto es que sus encuentros fueran siempre apacibles. Las tres religiones, aunque coinciden en la existencia de un único dios trascendental, contienen dogmas irreconciliables. Los judíos fueron para los cristianos los herederos de la culpa, deicidas que mandaron a Jesús a la cruz. A toda esta ideología se le suma que a los judíos su religión no les prohibía prestar dinero (a los cristianos sí, debe ser por caridad y no por sacar un rendimiento), especializándose, algunos de ellos, en la usura. Con el fin de borrar deudas, muchos cristianos persiguieron a judíos. Resumiremos brevemente algunos de sus enfrentamientos:

San Vicente Ferrer prohibe en Murcia que los judíos tuvieran obradores o tiendas de venta fuera de la judería; de igual forma se vedaba a los cristianos vender pan y hortalizas en las plazas de la judería. Para ello, debían mejorar la delimitación de la judería. Por el contrario, nobles murcianos, en lugar de cerrar calles y puertas, quitaron las dos que había y ordenaron a los judíos desalojar y abandonar la judería. Tal decisión provocó la inmediata reacción concejil, oponiéndose a tan insensata medida que exponía a los judíos a ser robados y destruidos. La actitud del concejo murciano fue siempre favorable a los judíos, no de una manera injusta y por encima del resto de gentes, sino bajo el deber de protejer y amparar a quien, como vecinos, les correspondía.

Por otro lado, las palabras de San Vicente Ferrer siguieron produciendo un gran número de conversiones, incluso meses más tarde, algunos frailes dominicos que, siguiendo el ejemplo del santo valenciano, se sobrepasaban en sus sermones para inducir a más conversiones. Expusieron a los judíos a graves amenazas y a riesgos, incluso, de muerte. La petición concejil fue atendida por el rey, que en 1411, prohibía la continuidad de tales actos y actitudes.

Al mismo tiempo, la escasa compenetración entre adelantado y concejo, y, como se cree, la falta de energía de aquél, propició en 1403 el aumento del número de delitos, tanto en la ciudad como en la huerta y camino real contra los judíos. Las denuncias contra las fechorías de malhechores se suceden en este tiempo con una frecuencia inaudita. Sucede entonces el secuestro de cuatro niños judíos en la huerta. El interés concejil en defensa de sus vecinos, sin distinción de raza o clase social y que aquí aumenta por tratarse de niños, buscó solución. Sin embargo, los delincuentes llevaron a los niños a territorio oríolano y buscaron al trujamán Berenguer Morrelles para que interviniera y cobrara su rescate. Estuvieron conformes los padres en abonar los ochenta florines que se les exigía, pero los niños no fueron devueltos.

Por otro lado, con las leyes restrictivas que entonces se promulgaron se produjeron una cifra elevada de nuevos cristianos. Había una cosa común entre muchos ellos, esto era el temor que obliga a adoptar decisiones forzosas y no sentidas; pero a su lado estaban los que consideraban que su conversión era un paso verdadero y procuraron el favor de los cristianos viejos. Contaremos, la historia de, por ejemplo, Remir Alvarez, quien denunció al consejo que los judíos de Murcia trabajaban en iguales oficios que los conversos, como zapateros, alfayates y tejedores, «y continuamente les estaban pervirtiendo». Con su denuncia, Remir Alvarez pudo lograr que el consejo prohibiera que los judíos trabajaran junto a los conversos y sólo les autorizara que pudieran efectuar sus labores junto a cristianos viejos. Y Remir Alvarez pronto obtuvo premio a su actuación, pues fue nombrado consejero.

Además, sabemos que se intervino en su libertad de escoger oficio. Como si de una película de Berlanga se tratara, se sabe que hubo judíos obligados a ser verdugos. El puesto de verdugo, necesario e imprescindible en el concepto concejil de la justicia, no tenía muchos pretendientes, por lo que era problema frecuente que los regidores no acababan de resolver. Tuvieron que recurrir a exigencias arbitrarias, como era la prestación forzosa, obligando a judíos, moros y esclavos a desempeñar tal oficio. Y de manera contraria, la actividad de los judíos como fieles en la recaudación de rentas tiene también su fin en 1408. Se comenzó a considerar que la intervención de los judíos en el arrendamiento y recaudación de las rentas reales les proporcianaba poder sobre los cristianos. Y la prohibición se extendía igualmente a su intervención indirecta por segunda o tercera persona, o simplemente como fiadores, especificando que siendo probada su participación, sería penado con multa de cuantía igual a la renta en que interviniera y cincuenta azotesa; trato semejante tendría el cristiano que tuviera asociado al judío, supondría igual multa y un año de servicio de armas en un castillo fronterizo. Al mismo tiempo se incitaba al «pueblo» a denunciar con premio de una tercera parte de la multa que se impusiera.

Esto ha sido un breve resumen de la vida de los judíos en la ciudad de Murcia. Desde su sosegada presencia durante el reinado de Alfonso X el Sabio, hasta el siglo XV, donde claramente se aprecia que su existencia cada vez causa más tensiones. No olvidemos que estamos caminando hasta su irrevocable expulsión en 1492, aunque lo cierto es, que por esos años, pocos judíos quedaban ya en estas tierras. Ya sea por haber huido por las continuas restricciones e inseguridades o por haber sido asesinados en revueltas populares. Gracias al rey, los sefardíes vuelven a ser españoles. Su historia es parte de la nuestra y debemos entender que la historia de Murcia está incrustada en la historia de España. Por ello, para entender mejor las razones que motivaron su expulsión y las vejaciones que he ido describiendo, os recomiendo que escuchéis el siguiente podcast. Pertenece al programa Memorias de un Tambor, y en concreto aquí entrevista a Carlos Espí, doctor y profesor de Historia en la Universidad de Murcia. Toda la información de este post la he encontrado en el siguiente enlace, que recomiendo que uséis para cualquir consulta de Murcia. Espero que todo esto os sirva de ayuda.

Si aún tenéis curiosidad de cómo fue la vida en Murcia durante la Edad Media, no dudeis en contactar con nosotros para conocer nuestras visitas guiadas

¡Saludos desde Murcia! ¡¡Un abrazo chillao!!


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